¿De qué estamos hablando cuando hablamos de Coaching?

LOS LIMITES DEL DOLOR

 

¿Cómo gestionamos el dolor?

Cuando padecemos y hemos padecido dolor hay momentos que sólo nos queda la resignación. Puede ser así. Es una aceptación momentánea. En los instantes que el dolor afloja es cuando tenemos un atisbo de esperanza. Ahí podemos actuar. Nuestra actitud es clave.

Si nos decimos a nosotros mismos: “esto pasará”, “llegará un tiempo que no duela” o “ mira cómo estaba antes y cómo estoy ahora”. Son declaraciones potentes que ayudan a la mejoría del dolor y, por último, a la recuperación. El diálogo consigo mismo y el tipo de declaraciones que hacemos van a ayudar a que la sensación de dolor no sea la misma.

En las Semifinales del Australian Open, Rafa Nadal, declaraba “se me han roto los isquios seguro…, pero he llegado hasta aquí y no lo voy a dejar, ni de broma” respondiendo enrabietado a su tío Toni Nadal.

¿Qué podemos hacer cuando padecemos dolor?

Es verdad que cada uno tiene su propio umbral de dolor pero también es verdad que se puede soportar. Pongo el caso extremo de Rafa Nadal que ha elegido convivir con dolor para poder ser el mejor tenista del mundo, pero no hace falta ir tan lejos. En nuestro día a día, podemos tener mucha más capacidad de aguante. Pero no la entrenamos. Sólo es un músculo que hay que entrenar.

Quizás la Sociedad en la que vivimos, con un rápido acceso a satisfacer aquello que necesitamos no sea un ejemplo a seguir, siendo cada cual quien debe esforzarse para generar “esa capacidad de aguante”. Se ha convertido en una responsabilidad propia.

Cuando tomamos una posición determinada para que el dolor termine, estamos contribuyendo directamente a que disminuya o desaparezca. “Aceptamos la situación por que no nos queda otra, pero esperamos y deseamos que termine cuanto antes”. Es una apuesta decidida desde la voluntad.

 

 ¿ Te comparas con los otros por qué ellos están sanos y tú no?

Compararnos con otros que no padecen dolor, es también un error común, ya que no tenemos una referencia clara del dolor y nos vamos a quien no lo tiene. Es una justificación. Es una forma de evadirse para soportarlo.

Sin embargo, las personas que así piensan no se dan cuentan que ellos mismos poseen valores que otros no tienen: saben esperar, valoran las oportunidades cuando aparecen, se sacrifican, son tolerantes, aman la vida, disfrutan del momento. Es verdad que no hace falta tener que sufrir dolor para valorarse, pero cuando aparece, de manera circunstancial, es la mejor oportunidad para que vayamos más allá de nuestros límites. Es casi un don. Un regalo que podemos aprovechar para querer más, querernos, ser fiel a nosotros mismos, aceptar las diferencias, hallar todo lo positivo que hay en el mundo, disfrutar de la belleza con que nos inunda la naturaleza. Podemos contribuir a mejorarlo todo desde nuestra posición de observador privilegiado.

¿Qué hacer con el dolor?

Siempre podemos elegir por nosotros mismos: ser víctimas de nuestro dolor y pasar así el resto del tiempo, negándonos y frustrándonos; o bien, ver una oportunidad de mejora, de hacernos bien y el hacer el bien.

 

 Siempre y en todo caso, TU ELIJES. Está en tu mano. Es tú responsabilidad. Contribuir a que tú vida sea maravillosa.

 

 

 

 

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